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Gerardo Pizarro nació en Túcume (departamento de Lambayeque, provincia de Chiclayo), hijo de Gerardo Pizarro Zeña y Andalia Carranza Sánchez, chamanes de reconocido prestigio mundial (los dos nacidos en la costa norte del Perú en el seno de familias de chamanes y curanderos descendientes de la civilización preinca). Desde niño Gerardo Pizarro da muestras de sus facultades especiales. De diez a once años estuvo en Tamborapa y luego en Bagua Chica. A los 12 años se adentró en la amazonía peruana, cruzó el río Huayaga, Ucayali, el Marañón y Chinchipe y recorre el Ecuador en búsqueda de la tribu de los Aguarunas. En esta zona de Santa María de Nieva y Santiago se encuentran también otras tribus como los Jíbaros, los Campas, los Pibus, los Maratos y los Orejones.

Gerardo decidió quedarse con las tribus de los Aguarunas para aprender y adquirir conocimientos acerca de las plantas, hierbas curativas y los secretos de sus rituales. El jefe brujo le aceptó bajo su tutela y le inició en los secretos de estas plantas maestras, especialmente de la hierba del dragón, una planta poderosa que ha sido investigada en el instituto neoplástico del Perú para la cura del cáncer. Existen pruebas de que la hierba del dragón ha curado a muchas personas que no tenían cura.
Gerardo y su maestro solían recorrer los ríos en busca de la hierba del Dragón. Transplantados en su terreno retoñaban al cuidado de la familia del maestro curandero y sus alumnos. Gerardo era el discípulo predilecto del maestro. Mahas se comunicaba con las fuerzas de la naturaleza y Gerardo cuenta que una vez cuando la sequía estaba haciendo sus estragos en la zona, un agricultor de arroz de Chiriaco, Provincia de Bagua, fue a visitar al Chamán desesperado porque su cultivo de arroz se estaba secando. Le pidio que invocará las fuerzas del elemento agua para que lloviera. El Chamán le advirtió que el era capaz de desatar la lluvia, pero no podía predecir ni controlar la fuerza de la naturaleza, ni la cantidad que podría descender de los cielos. El Chamán inició la ceremonia y la tribu empezó a almacenar comida por si acaso se desataban grandes trombas de agua. Al cabo de dos horas el cielo empezó a oscurecerse, soplaron los vientos, giraron los remolinos y retumbaron los truenos y los relámpagos iluminaron toda la selva y cayó una lluvia torrencial que no cesó en varios días inundando pueblos desbordando ríos y provocando aludes de rocas por las laderas de las montañas. El agricultor se quedo sin su cosecha de arroz, perdió sus animales y otras pertenencias.

Gerardo aprendió que lo que se pide al universo se debe de asumir y tomar la responsabilidad. El Universo es abundante y no escatima en dar. El Universo te da abundancia sin medida, porque no tiene límites. Cuando quieras pedir algo al universo, piensa antes en lo que le vas a pedir y como lo vas a pedir. ¿Lo pides con la cabeza o con la tripa o con el corazón? Hay que saber lo que se pide. Es igual cuando vas a un restaurante y le pides de todo al camarero, el toma nota y te trae lo que le has pedido. Si pides amor especifica bien el amor, si quieres trabajo especifica bien el trabajo. Un día Gerardo pidió amor y vino mucha gente a darle amor y casi se ahogo de amor. Un día pidió trabajo, trabajo mucho y no ganó nada.

Con 14 años ya iniciado en los secretos de las plantas sagradas, regresa donde su madre, Andalia Carranza y completa su formación en el camino del chamanismo y la sanación. Así, Gerardo Pizarro es heredero y depositario de las tradiciones chamánicas del Perú, de los Mochicas del Norte, de los Andes y del Amazonas. Realiza su trabajo con éxito y reconocimiento en Sur y Norte América, practicando sus técnicas que han ayudado a cientos de personas. A partir del año 1985 trabaja en Europa y en 1988 se establece en Madrid, España. El da seminarios, hace consultas y habla  en congresos científicos. En el centro de su trabajo se encuentran la Mesa Ritual Peruana, consultas, baños de florecimiento, masajes chamánicos, la limpia con el huevo y diferentes seminarios. Cada dos años realiza viajes a Perú.